Camino Santiago II
Por inzona • Nov 7th, 2008 • Categoria: INthemunditoTexto y Fotografías. Moises Callado
Una vez que ya tienes un poco claro donde te has metido (ver 1ºparte) comienza el “verdadero” camino.

Si empiezas en Roncesvalles, llegas vía Pamplona. Roncesvalles es uno de los lugares míticos del camino, es conveniente llegar a temprano pues el albergue tiene pocas plazas. La primera noche, en un verdadero hospital del peregrinos, paredes de piedra, luminarias en el techo, frío y muchas literas, aquí empieza una de las partes a mi parecer mas hermosas, las estribaciones atlánticas del pirineo, Navarra y los viñedos de La Rioja, no son tramos muy duros, en parte porque la belleza del recorrido, lo amenizan, aquí es donde empezarás a conocer a quienes posiblemente sean tus compañeros durante mucho tiempo, y también donde aparecen las primeras ampollas y molestias. La tercera o cuarta etapa de todo peregrino, suele ser la más dura, pues la primera estamos de estreno, pero cuando ya llevas en tu cuerpo 70 o 90 km empiezas a plantearte qué coño haces aquí, qué necesidad tienes de andar todos los días caminando. He visto a gente hacer las maletas y pirarse, y a otros llegar al albergue y llorar como una magdalena, pero bueno, para eso están el resto de peregrinos que hacen de psicólogos, médicos y curanderos, y no hay nada que un buen potaje de alubias riojanas y unas copas de vino no arreglen.

A partir de aquí tu cuerpo ya se ha hecho al día a día, a no ser que tengas una grave lesión, que en ese caso no pasa nada por abandonar, o descansar un par de días. En Estella tuvimos que mandar entre todos los del albergue a un Japonés a urgencias. No es que le diéramos una paliza, pero el tipo tenía los tobillos como bombonas de butano, y aun así, se hizo 25 km. Ese tipo de lecciones, ayuda luego en el día a día. Después de unas jornadas, ya controlas toda la parafernalia del camino, las indicaciones, flechas amarillas, vieiras, la fea mascota esa del jacobeo, los menús de peregrinos, las ofertas para peregrinos, los timos a peregrinos… Por tierras de Irache, además de poder comer algunas que otras uvas por el camino, en las Bodegas del monasterio de Irache, hay otro lugar “especial”, La fuente del vino, una fuente con un grifo que da agua y el otro vino, claro que según he oído, solo 50 litros. Así que si pasáis por allí después de las 12, creo que sólo toca beber agua!.

Pasadas las tierras de La Rioja, nos adentramos en unas de las partes más tediosas del camino, aunque algunos dicen que tiene su encanto. Son las inmensas llanuras de Palencia y Burgos, aquí el caminar se hace tedioso, las referencias se hacen eternas, la torre del campanario que asoma en el horizonte lleva horas allí, sin acercarse. En verano ésta es una de las zonas más duras, por lo que siempre hay que aprovisionarse bien de agua. Es un buen sitio para conversar con uno mismo durante horas o inventarte absurdas canciones.
El tramo Leones, es donde está una de la más duras subidas, al Pico de la Cruz de Ferro y Pedradita de O’crebeiro. Si podéis, haced noche en el Albergue privado de Rabanal del Camino, antes de la subida a Cruz de Ferro, uno de los más hermosos albergues de todo el camino. En la subida a Cruz de Ferro, topareis con la Aldea de Manjarín, curioso lugar, que no deja indiferente a nadie por los personajes que en ella habitan…

Pedrafita de O’Cebrerios, es el puerto de entrada a Galicia, pertenece a la provincia de Lugo. Ya estáis en Galicia, cosa que veréis porque cada km hay postes señalado la distancia que os falta para Santiago y el aire se empapa de un aroma dulzón, mezcla de boñigas de vaca y manzanas fermentando. En Galicia la cosa pierde un poco de su encanto, sobretodo por la masificación y todo el negocio que se ha montado en torno al peregrino; hay seguridad Xacobea, albergues privados, y sobretodo una institucionalización del camino. En todo el resto del camino, si llegas a un albergue y está lleno, podrías dormir en el suelo, en la cocina o donde hubiera sitio, en Galicia, gracias a La Xunta, los albergues tienen aforo limitado, así que si el albergue público está lleno, misteriosamente, siempre hay plaza en el privado. Y en los últimos 100 km es aun peor, pues ahí es donde se da la máxima afluencia, por lo que el caminar se convierte en una carrera por conseguir cama. Aquí es donde echas de menos las inmensas soledades de las etapas anteriores, la meseta, el pirineo. Está claro que la economía local se ve favorecida. (Taxis de los legales y otros no tanto que te llevan las mochilas hasta el pueblo que elijas). Al pasar por Melide, es de rigor parar en la Pulpería de Ezequiel, y mirar la foto de los 80’s, lo que era y lo que es ahora… En estos últimos 100 km es donde la esencia del camino se ve más ensuciada, por los denominados “turigrinos”, mezcla de turista y peregrino, por si alguien no lo ha intuido. Agencias de viajes que ofrecen etapas del camino a grupos, con furgonetas de apoyo que les llevan las mochilas, convirtiendo el camino en un paseito diario. Y claro, cuando tú llevas ya con tu mochila veintimuchos días, bregando con todas las inclemencias, pues la bilis se te salta.
Las últimas etapas se hacen con premura, pues el afán por llegar, da espuelas. Y por último Santiago, la llegada no es nada idílica, cruzas aeropuertos, la televisión gallega y un mega complejo “Peregrino” Monte de Gozo. En Santiago, una vez cubiertos todo los trámites para conseguir la Compostelana (certificado que acredita la peregrinación), cuando os pregunten en la oficina del peregrino los motivos de la peregrinación, decid religiosos, os darán la auténtica Compostela en latín, de la otra forma, solo os darán un certificado… (jejeje cómo si ambos papeles sirvieran para algo). En Santiago y sobretodo por los alrededores de la catedral, ojito con los carteristas, que hacen su agosto con los peregrinos, y sobretodo cuando la catedral está hasta los topes, que suele ser casi siempre… Aquí, después de la euforia inicial de la meta cumplidas, de la superación y de todas esas cosas que salen en los manuales de auto-ayuda, os invadirá un extraño sentimiento de vacío… ¿Y ahora qué? Ya no hay q caminar más, volver a la rutina, pero siempre quedará algo, que en los momentos chungos, te dirás… qué carajo, si he andado 800 km. Esto me suda un pie!!!
Y si en Santiago te quedas con ganas de andar más, siempre puedes ir a Finisterre, a quemar los calcetines, ritual neopagano, como ese de tirarse de la fuente de Pamplona en San Fermín… Ultreya!!!•
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