Estados Unidos como plató de cine
Por inzona • May 11th, 2009 • Categoria: INthemunditoTexto y Fotografías. Kiko Sánchez

En esas largas carreteras que permiten a nuestra mirada adentrarse sin adivinar horizonte alguno y en las que, debido al espartano sistema de radares, la conducción es soporífera, no solo nos podemos entretener cruzándonos con motoristas barbudos salidos de “Easy Rider”, si no también podemos matar el tedio con el socorrido juego de las películas. A ver ¿ese edificio dónde sale? O mira ¿qué film está rodado en aquella montaña o en este rio? Pues sí, viajar por Estados Unidos es un paseo por un inmenso plató cinematográfico en el que tenemos la sensación de haber estado antes (un auténtico y constante Déjà vu).


Ocurre en una calle de Nueva York en la que vemos correr a De Niro en “Erase una vez en América”, o desde la última planta del Empire State Building de donde nos asomamos con miedo a encontrarnos con ”King Kong”, o al caminar temerosos cerca del Edificio Dakota de “La Semilla del Diablo” o respirar tranquilos cuando, en cualquier esquina, un histriónico Woody Allen nos sirve de Cicerone enseñándonos su particular “Manhattan”. Y no sólo de la gran manzana se alimenta Hollywood, puede que en un edificio de Chicago creamos toparnos con alguno de “Los Intocables”, o que atravesemos con excesiva prudencia una cuesta de San Francisco por miedo a ser atropellados por un Ford Mustang conducido por “Bullit”.
¿Y qué decir del lejano (ya no tanto) Oeste? Son tantas las construcciones naturales que esconden un “Fort Apache” o acompañan al séptimo de caballería o incluso a una “Diligencia”. Si nos perdemos, atravesaremos desiertos y cañones y sobre todo ríos. No sé el lector, pero yo he cruzado el Rio Grande en multitud de ocasiones desde la butaca del cine o desde el sofá de mi casa junto con Newman y Redford en “Dos hombres y un destino”.
Siempre podremos parar en un típico motel de carretera en el que nos cueste conciliar el sueño al recordar
“No es país para viejos” o ser el “Único Testigo” que se cruce con un grupo de Mormones montando un curioso carromato. Viajando por esas mismas carreteras interminables en las que no es recomendable quedarse sin gasolina (“El Diablo sobre ruedas”), podemos finalizar periplo y metraje en Las Vegas, escenario de tantas aventuras y desventuras de juego y gánsteres como “Casino”, de tantas subidas a los altares o descensos a los infiernos con “Living Las Vegas” y como no, de tanto Elvis (“Viva Las Vegas”). Aunque claro, ya que el cine relata los avatares en la ciudad del vicio, no seré yo quien narre los míos propios, puesto que, como ya sabemos, lo que ocurre en Las Vegas… se queda en Las Vegas…•
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