Tom Ripley – Una bestia refinada

Texto. Francisco Flores

ripleyTras recibir una apremiante llamada de mi editor el último día de mis vacaciones, me siento frente al ordenador de la oficina, en un lapso de inesperado relax tras mi vuelta al tajo, para escribir un nuevo artículo que no tengo ni pizca ganas de escribir ni enfoque ni nada de nada. Será el jet lag (aunque no he cogido ningún avión) o el estrés postvacacional o la falta de sueño, qué se yo, cosas que no le ocurren al personaje del que os voy a intentar hablar, hecho por el que le odio hasta la nausea.

Odio y envidio a Tom Ripley porque los únicos trabajos que conoce este talentoso señor son arreglar su jardín, aprender idiomas, tocar el clavicémbalo (a saber qué instrumento será ése), viajar por todo el mundo, hospedarse en los mejores hoteles y, de vez en cuando, matar a alguna persona que se pone en su camino con la intención de acabar con su refinado estilo de vida.
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En la reciente recopilación que ha hecho Anagrama de las cinco novelas que escribió Patricia Highsmith sobre este menda, descubrimos a un personaje de lo más amoral, sí, pero que goza de una gran inteligencia, gracias a la cual consigue salir airoso de cualquier situación embarazosa y, lo que es mejor, justificar sus atrocidades con una lógica deslumbrante. Si bien en sus primeras correrías por Italia Ripley se muestra como un joven sin aparente personalidad, timorato y falto de experiencia, tras sus dos primeros crímenes el personaje va madurando hasta crear un sólido sistema de valores, en el que los pilares maestros son el asesinato, la mentira, la suplantación o la estafa. A pesar de todo ello, al lector se irá posicionando irremediablemente del lado de nuestro antihéroe, para quien su orfandad y sus orígenes humildes no son obstáculo hacia la meta que todos soñamos, vivir a cuerpo de rey, pero que sólo los que tienen su determinación y su falta de escrúpulos logran alcanzar. Además, el bueno de Tom no duda nunca en echarle una mano a algún amigo en problemas, mostrando así su lado más cándido y humano, aunque no sin sacar algún rédito del asunto, claro. No debemos olvidarnos de la ambigüedad sexual del personaje, que en la primera novela de la saga (A pleno sol) se entrevera como un homosexual reprimido, aunque a partir del segundo libro (La máscara de Ripley) aparece como un respetable hombre casado, para más inri con una francesa católica, una religión que es antagónica a lo que él representa.
El éxito de Patricia Highsmith radica en su hilado fino, pues el personaje nunca cae en el arquetipo, muy al contrario, es poliédrico y sicológicamente complejo. Así, la que podría ser una mera saga de novelas negras, se transforma en un análisis de la mente de un criminal, pero no de cualquier burdo asesino, sino de una bestia refinada. Y todo ello gracias a una narración quirúrgica en tercera persona que suplanta la primera para ahondar en la introspección.

Tras todo este guirigay no se aturullen, leer alguno de estos cinco libros no es un soporífero acto de constricción, sino más bien un deleite divertidamente malicioso o siniestramente agradable, pues ¿a quién no se le ha pasado por la cabeza alguna vez matar al jefe, a la suegra o al marido? Si todos lo lleváramos a la práctica, el mundo sería más siniestro, pero estaría menos poblado, lo cual sería una gran suerte.•

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